Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Día 18: Perdono

en 18 diciembre, 2011

 

Al principio hablamos de pedir perdón como camino de renovación de las personas (día 8 del Caminito de Belén), ya que nos ayuda a estar en paz y armonía con los otros.  Hoy voy a mirar mi yo profundo  para activar la otra parte: perdonar y perdonarme.

Generalmente esperamos y ponemos como condición para perdonar que la otra persona nos pida perdón, que nos diga “Lo siento…”,  “Perdóname!”. Otras veces basta con la solicitud de perdón implícita, cuando el otro vuelve a acercarse, nos saluda como si no pasara nada, hace un gesto de cercanía, ofrece un favor,… y todos entendemos que la crisis ha pasado.

La acción de perdón más difícil, en la que debemos destacar los cristianos, es dar el perdón antes de que nos lo pidan. O incluso cuando la otra persona no ha cambiado ni muestra arrepentimiento. En esas ocasiones debemos recurrir a nuestro valor moral y a la fuerza del Evangelio para liberarnos de la ofensa, desligarnos del resentimiento y superar las heridas. Como dice alguien, “aunque la otra persona no se merezca que le perdones, tú sí te mereces perdonar“.

El color de la emoción, por Rajacenna

Aunque otra otra persona (o uno mismo) me hiciera algo muy grave, sin justificación, que me destrozó la vida… ¿De qué vale vivir con rencor? ¿Acaso pienso que la venganza puede curar la herida? ¡yo debo perdonar! Perdona con el poder de Dios, un perdón inmenso y sin medida:  “Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra” (Lc 6,27-29; Cf. Mt 5,38-48)). Perdonar como condición para ser perdonado:  “Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados” (Mt 6,14-15).

Y para perdonarme a mí mismo... la confesión, el reconocimiento de mis culpas ante los que me quieren, y sobre todo, la reconciliación conmigo mismo, aceptando mi historia y todo lo bueno que nace de ella.

Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar.

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