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Día 17: Enfrento el dolor

en 17 diciembre, 2013

El dolor es la experiencia más terrible a la que se enfrenta el ser humano. Nos referimos no sólo al dolor físico, sino por extensión a sentimientos ligados al dolor y a situaciones de sufrimiento que llamamos dolor espiritual. Al mismo tiempo reconocemos el valor positivo del dolor, que nos avisa de lo que nos lastima y nos ayuda a apartarnos de lo que nos daña. Por eso justamente tememos el dolor y lo combatimos en la medida de nuestras posibilidades: nos ponemos un buen calzado cuando tenemos que caminar todo el día, combatimos el frío con buenos abrigos y el dolor de muelas con pastillas antiinflamatorias. Otras veces, asumimos cierto dolor como parte integral de un trabajo o una lucha, como el cansancio en las piernas del jugador de fútbol en los últimos minutos del partido.

El problema más serio es qué hacer cuando te duele el dolor de otro.

Lágrimas del Otro, las más dolorosas para el que se arriesga a amar. Fuente: http://www.rajacenna.com/gallery.htm

Lágrimas del Otro, las más dolorosas para el que se arriesga a amar. Fuente: http://www.rajacenna.com/gallery.htm

Hoy voy a enfrentar el dolor del otro. Como el buen samaritano (ver más adelante), voy a dedicarme a ver y a compadecerme. Pero con una compasión activa, que me mueva inteligentemente para curar heridas y solucionar problemas.

Siguiendo aquella vieja intuición de la Teología de la liberación, hoy me propongo hacer planes de solidaridad desde el lugar del pobre. Acercarme y empezar el proceso de ayuda.  No una acción espontánea que muere ahí mismo, sino un camino de compromiso que al mismo tiempo que aporta cambios me cambia a mí. Así adquiere valor el esfuerzo y el dolor que me genera constatar que “el miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente….” (Papa Francisco, EG 52)

Hoy es día para planificar, pero esta tarea exige planificar con paz en el corazón y dolor en el alma. Ah, si, y con alegría en el rostro, porque hago lo que Dios ha hecho antes conmigo.

El llamado a la Solidaridad

El mejor mensaje sobre la solidaridad es sin duda la Parábola del buen Samaritano. Es la respuesta a  la pregunta del escriba que conocía bien la Ley del Señor y su síntesis de amor, pero que tenía miedo del compromiso que comportaba asumirla íntegramente. Entonces, cuando le pregunta ¿Quién es mi prójimo?, Jesús responde:

—Un hombre iba por el camino de Jerusalén a Jericó, y unos bandidos lo asaltaron y le quitaron hasta la ropa; lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote pasaba por el mismo camino; pero al verlo, dio un rodeo y siguió adelante. También un levita llegó a aquel lugar, y cuando lo vio, dio un rodeo y siguió adelante. Pero un hombre de Samaria que viajaba por el mismo camino, al verlo, sintió compasión. Se acercó a él, le curó las heridas con aceite y vino, y le puso vendas. Luego lo subió en su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, el samaritano sacó el equivalente al salario de dos días, se lo dio al dueño del alojamiento y le dijo: “Cuide a este hombre, y si gasta usted algo más, yo se lo pagaré cuando vuelva.” Pues bien, ¿cuál de esos tres te parece que se hizo prójimo del hombre asaltado por los bandidos?

El maestro de la ley contestó:

—El que tuvo compasión de él.

Jesús le dijo:

—Pues ve y haz tú lo mismo.

Entre los creyentes estamos convencidos de que la salvación no depende de las obras, pero exige frutos de amor en el seguimiento del Señor. La compasión activa por el que sufre a tu lado es condición indispensable para ser humano, para ser cristiano.

Cuando el papa habla de la necesidad de una Iglesia más cercana a los que sufren, lo hace desde esta experiencia. Unidos a Dios escuchamos un clamor, que nos llega desde cada situación de sufrimiento adonde somos llamados a ser signo de consuelo y de vida.  Así lo afirma en los números de su carta dedicados a la solidaridad. Por ejemplo:

186. De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.

187. Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo […] Ahora, pues, ve, yo te envío…» (Ex 3,7-8.10), y se muestra solícito con sus necesidades: «Entonces los israelitas clamaron al Señor y Él les suscitó un libertador» (Jc 3,15). Hacer oídos sordos a ese clamor, cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto, porque ese pobre «clamaría al Señor contra ti y tú te cargarías con un pecado» (Dt 15,9). Y la falta de solidaridad en sus necesidades afecta directamente a nuestra relación con Dios: «Si te maldice lleno de amargura, su Creador escuchará su imprecación» (Si 4,6). Vuelve siempre la vieja pregunta: «Si alguno que posee bienes del mundo ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17). Recordemos también con cuánta contundencia el Apóstol Santiago retomaba la figura del clamor de los oprimidos: «El salario de los obreros que segaron vuestros campos, y que no habéis pagado, está gritando. Y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos» (5,4).

188. La Iglesia ha reconocido que la exigencia de escuchar este clamor brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros … (Evangelii Gaudium 186-188).

Y por último, presentamos una campaña de hace algunos años: pastillas contra el dolor de los otros, una buena iniciativa para canalizar la solidaridad de una gran ONG.

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One response to “Día 17: Enfrento el dolor

  1. […] inmensos. La situación de injusticias, sufrimiento y desigualdades es realmente crítica, nos hace reconocer y enfrentar mucho, mucho dolor. Parece que una iniciativa como la nuestra de Comprometer la Vida debería llevarnos a una espiral […]

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