Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Quinta Etapa: …Y recibir al Niño

en 21 diciembre, 2013

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El Encuentro

No dejaba de mirar el reloj. Daba vueltas a uno y otro lado de la acera y volvía a mirar los escaparates sin verlos realmente. Mi mente estaba centrada en la persona que esperaba, con la que había quedado. Mi corazón está ansiando el encuentro y empezando ya disfrutarlo, como explicaba el Zorro al Principito:

Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo. (El Principito)

Así pasan minutos que parecen horas, hasta que apareciste tú, y nos dimos un largo abrazo, y nos miramos a los ojos, y nos bañamos en sonrisas. Y empieza otro tiempo, otro Kairós, en el que las horas parecen minutos, las distancias ya no cuentan y las palabras forman lagos por los que navegar en alma de mi amigo.

Encontrar a una persona querida, sobre todo si hace tiempo que no la has visto, es uno de los grandes regalos que tenemos en la vida. No hay mayor aventura que construir una historia de amistad hecha de encuentros y vivencias compartidas. Es la experiencia que nos da los mejores momentos.

Sin embargo, seguro que tenemos también experiencias de desencuentro. Esos son los peores momentos de nuestra vida. Personas que estaban tan cerca de nuestro corazón y dejamos perder: saltó una chispa de egoísmo, no la apagué con río de perdón (Col 3,12-17), y se prendió el fuego de los intereses y recelos.

¡Qué sufrimiento!

El Arte de encontrar… y dejarse encontrar

Los niños se hacen amigos y se pelean con toda facilidad. Los mayores necesitamos mucho más tiempo para tener un amigo, y somos mucho más volátiles para pisotear la amistad cuidadosamente construida. Encontrarse con un amigo es todo un arte. Requiere humildad, enormes capacidades de respeto, dosis inmensas de paciencia, soltura en las expresiones de cariño, decisiones sabias en las prioridades, y sabiduría, mucha sabiduría, en la entrega del corazón. O, dicho en imágenes, todo lo que va aprendiendo el Principito en su viaje por los planetas y en su descubrimiento del valor del cuidado de su Rosa amada.

En estos días vamos a trabajar este encuentro personal, centrado ya en el Señor que viene pobre y humilde al centro de la humanidad. Seguiremos un camino de acercamiento, de aterrizaje que ya hemos explorado en anteriores caminitos, pero centrado en el cuidado de la Alegría:

Quinta etapa: Y recibir al Niño Dios

21: Preguntarse y Pensar: ¿Está la puerta abierta?

22: Decidir & Decir: Defenderé la alegría

23: Quitar & Cambiar: Boto lo que no sirve

24: Poner & Actuar: Limpio mi corazón

25: Contemplar & Celebrar: Y me alegro con mi Dios

¡Feliz Navidad!

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