Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Día 20: Déjate querer (joropo)

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El quinto día de cada etapa nos invita al Cambio profundo por medio de la Contemplación y el Agradecimiento. Nada más eficaz cuando se trata del amor, de la “Caridad perfecta” que buscamos.
La razón de esta maravillosa efectividad está en la importancia de dejarse querer. Una actitud sencilla y que no requiere hacer mucho, a diferencia de la entrega de uno mismo que hemos trabajado en los días anteriores, pero que para muchos es tan difícil, y que está en la base de nuestras existencias vacías y enfadadas, porque no “sentimos” que nos quieran de verdad, porque no vemos amores valiosos que dignifiquen nuestra vida. Y simn embargo, seguro que además de Dios y su Infinito Amor, hay decenas de reflejos de ese Amor en personas que nos aprecian, nos valoran, nos escuchan… ¡personas que nos quieren amar!
Por eso, simplemente, déjate querer.

“Déjate querer” porque el amor que recibimos queda bloqueado, interferido, cuando nosotros no nos implicamos con libertad y plenitud en la relación.

  • Cuando sigo molesto y centrado en mis problemas, no me dejo querer.
  • Cuando mantengo mi mente calculando precios, beneficios, costos de cada cosa, no me dejo querer.
  • Cuando me resisto a entrar en una conversación, a escuchar de corazón y darme cuanta del que está delante mío, no me dejo querer.
  • Cuando ignoro a las personas que me rodean y sus vidas, cuando no me preocupo de conocerlas, no me dejo querer.
  • Cuando respondo con desdén y desprecio a sus solicitudes de cercanía, a sus muestras de cariño, no me dejo querer.

Pero, sobre todo, he encontrado a lo largo de los años una gran causa a mi falta de “disfrute del amor”: no quererme a mí mismo.

  • Cuando no me concedo el descanso y los cuidados que necesito porque no tengo tiempo, no me quiero, no me dejaré querer.
  • Cuando no me escucho y me doy tiempos de soledad y reflexión para estar sólo conmigo mismo, no me quiero, no me dejo querer.
  • Cuando no me valoro y no celebro mis logros, mis perseverancias, mis pequeñas victorias, no me quiero, no me dejo querer.
  • Cuando no soy amigo de mí mismo, no me quiero, no me dejo querer.

Por eso, hoy, como dice el famoso y bellísimo joropo llanero de Armando Martínez, “Déjate querer“.

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Día 19: Siembra de favores

19El amor es la riqueza más importante para sobrevivir como seres humanos. Sin amor nos volvemos poco a poco animales con ropa, bestias con modales. El problema es cómo conseguir una vida con amor: ¿es acaso un premio caprichoso del destino? ¿O una habilidad ligada a la simpatía y las técnicas de autoayuda?

Un refrán popular dice sencillamente:
“Donde no hay amor!
por amor
y sacarás amor

Hoy nos proponemos iniciar una abundante siembra de amor… con semillas de favores Vamos a aplicar el viejo refrán con pequeños gestos, gestos que a su tiempo pueden producir amor en quien los recibió y en quien los sembró. Par ello lo gestos que hoy sembraré deben ser favores verdaderos, es decir, deben ser espontáneos, gratuitos y de verdadera utilidad. Así rompen el ritmo de intereses que nos aparta del encuentro con las personas. Así recordamos a los demás y a mí mismo que lo bueno es, casi siempre, gratuito, incluso cuando llega después de mucho esfuerzo y planificación.

En este día, por tanto, pemaneceré atento a las muchas ocasiones en las que puedo tender una mano para hacer un favor.

Muchas veces basta con sonreir al desconocido, saludar al subir o bajar del bus, lanzar un simple ¿Como esta usted/tu? En otras ocasiones tendré la oportunidad de ayudar a llevar una bolsa, o lavar unos platos en casa, o ayudar a mi hermano a hacer tareas,… En cualquier caso, el gesto inesperado será un regalo para la persona, y provocara sorprendentes resultados… ¡vamos a probarlo!

¡Feliz siembra de favores!

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Día 18: Perdono para amar

18El tercer paso de cada etapa es decir NO, quitar y renunciar.. Parece difícil que se pueda construir el amor a base de negatividad, y sin embargo, es lo que nos falta muchas veces. La propuesta del Caminito de Belén hoy es simple y directa: decir NO al rencor. Hoy voy a decirle NO a tantos resentimientos, resabios, resquemores, rencores y re-que-se-yo que llevo por ahí dentro, resonando como piezas rotas de un motor viejo cada vez que piso el acelerador de la vida.

Amar exige libertad y ligereza de espíritu para asumir un camino espiritual de entrega. El problema no es tanto el odio o la indiferencia, que se curan por sí mismos, sino el óxido y la herrumbre que acumulo en mis relaciones y me condenan a llevar un peso muerto en cada paso de mi vida.
NOblue
¿A qué debo decir hoy NO?
Al rencor contra los que me hirieron en el pasado (rencor velado pero muchas veces latente ahí adentro).
Al rencor contra los que me despreciaron y no me valoraron.
Al rencor contra los que hoy en día me atacan o amenzan (incluso cuando no me han atacado todavía, ya me duelen y molestan).
Al rencor contra los cercanos a mí (familia) que no hacen las cosas bien
Al rencor contra los que yo pienso son responsables de las desgracias de mi país (rencor muy de moda y que sirve para hacerse popular y tener buenas conversaciones con los que piensan igual).
Al rencor contra los que hacen el mal y dañan a otros.

Pero sobre todo, ¿qué rencor es el que debo confrontar y frenar en mi corazón?
El rencor contra mí mismo cada vez que fallo en mis objetivos.
El rencor contra mí mismo cada vez que cedo en mis compromisos.
El rencor contra mí mismo por cada ocasión que no aproveché (y que recuerdo una y otra vez: “si hubiera…”)
El rencor contra mí mismo por cada pecado que cometí, más una ración extra por haber sido tan estúpido…

El color de la emoción, por Rajacenna

¿Qué hago entonces? La gran herramienta para oponerse al rencor es el perdón. Una herramienta versátil como navaja suiza de explorador, pero que debo usar con igual prudencia y sabiduría: perdonar suavemente, perdonarme pacíficamente, sin levantar heridas y reproches peores que los que voy a perdonar. Perdonar de corazón, disolviendo el conflicto en la paz del alma y la bondad de Dios.


Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar para decirle NO al rencor en mi corazón.

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Día 17: La decisión de amar

“Voy a amar”. Esta afirmación parece una tontería cuando mantenemos ese viejo esquema romántico de que el amor “viene cuando quiere y se va cuando se pasa”.
¡Pero es cierto! El amor es don y tarea, llega siempre como un regalo, pero me queda a mí la tarea de ponerlo en marcha, de lanzarlo y afianzarlo con cuidado y trabajo.

Porque el amor, gran regalo de Dios, es mi gran aventura, mi gran empresa, que me juego en las grandes relaciones y en los pequeños encuentros que haré hoy.
Vivir hoy con amor, esa es mi decisión, y los pasos de los días siguientes me ayudarán a perfilar “el arte de amar

Esta es la decisión del Caminito de hoy. Voy a construir una decisión sencilla y grande: vivir con corazón allí donde otras veces pasaba sin darme cuenta, con normalidad o con frialdad. Poner amor, poner corazón a las palabras, miradas y gestos que cruzaré en los encuentros casuales y a los que hago con los amigos, lo que nos diremos hoy en familia.

Lo intentaré. Es posible. Amar a la persona que aparezca delante de mí. Sin más.

Nunca está de más fijar con el arte las decisiones del corazón:

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Día 16: ¿Qué cosas tocan mi corazón?


Hoy, al inicio de la la Novena de Navidad, es un día dedicado a preguntarme, a mirar y a pensar. Yo me pregunto una pregunta muy sencilla y radical:

¿Qué cosas tocan mi corazón?

La pregunta está formulada así para evitar los cortocircuitos romanticoides que nos montamos cuando nos preguntamos por el amor.

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Com mucha frecuencia, vivo sin dejar que las cosas que pasan me afecten. “Hay que hacerse el fuerte”, dicen. Lo que no puedas solucionar, es mejor que lo dejes pasar. Pero esta actitud, ¿me produce paz o me deja en la intranquilidad y en la soledad?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿Qué cosas me suelen mover en lo profundo? ¿Qué miradas, noticias, comentarios, gestos, han superado los filtros de la razón y la emoción?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿A quién he amado hoy? ¿Qué amores definen mi existencia en este momento?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Hoy dedicaremos el día a preguntarnos y a tomar nota de lo que descubrimos.Favourite

***

Del Caminito del Año pasado:

En realidad muchas cosas me tocan el corazón. El sufrimiento que veo en la gente, aunque no la conozca. Los problemas que sufren las personas que amo. Las injusticias enormes que vivimos. Las dificultades que tengo conmigo mismo…También lo tocan profundamente la armonía de la naturaleza en un amanecer o en un paisajer tranquilo; la belleza de la música y de las personas; los gestos de solidaridad y ayuda. Igualmente, me tocan profundamente el corazón las miradas sinceras y las palabras cariñosas, que me transmiten el amor de los que amo.

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Cuarta Etapa: Caridad perfecta

Seguimos buscando a Dios por el camino de los regalos que Dios nos va dejando en nuestras vidas. A estas alturas, estamos empezando a intuir la dinámica de la llamada de Dios: una llamada para la vida, a través de lo mejor de la vida misma… y desde la gratuidad del Amor de Dios.Amor_En_Dios

En esta cuarta etapa del caminito estoy invitado a buscar y asumir el gran regalo de Dios para mi corazón: la experiencia del amor.Tablero2012_c_1400px

Según la oración de San Francisco que nos sirve de guía, el don que sigue a la esperanza cierta es el de la caridad perfecta. Es el don que más le compete, pues según la Primera carta del Apóstol San Juan, “Dios es amor” (de caridad).

Para emprender esta nueva aventura, debemos tener muy claras dos cosas muy sencillas:

  • Primero, que según la experiencia de muchos, el amor no es un sentimiento (o “mucho más que un sentimiento” DCE 17). De hecho, se puede amar sin sentir nada, o con sentimientos bastante molestos y contrarios a la idea del amor.
  • Segundo, que lo que importa en el amor no son las vivencias sino la entrega: cómo doy de mi tiempo, e mis planes, de mí mismo… porque amar es dar, o mejor, es dar-se, dar la vida por el bienestar y la felicidad del otro.

Que disfrutes la búsqueda y que te prepare para que puedas recibir a Jesús en el Belén de tu corazón, un Belén de Amor.

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Día 20: Agradecimiento, luz del corazón

Se lo explicamos a los niños y es verdad.
Es la palabra mágica.
¡Gracias!
Tan sencilla y con tanto poder para cambiar las relaciones. Capaz de disipar tormentas interiores y pacificar el clima sentimental interior. Para llevarnos, ¡mágicamente! del mundo de las obligaciones al mundo de la gratuidad.
Agradecer puede transformar una cola en el banco o el tumulto por subir al autobús en una instante de luz (mucho más si además de decir gracias me dedico a promover el saludo).
Cuando doy las gracias, dejo de mirar mis propios problemas y ocupaciones. Además, estoy reconociendo el valor de algo que he recibido, y que va más allá de lo que me corresponde o he pagado. Pero, sobre todo, estoy reconociendo a alguien que me ha dado ese algo valioso. Reconozco el bien donado y la persona donante. El vendedor ambulante que me vende el periódico, la cajera del supermercado que pasa los productos y me cobra lo que cuestan, el conductor desconocido que me cede el paso, el familiar que me recuerda mis compromisos en casa…
Al darles las gracias, los reconozco como personas humanas y me sitúo en un ecosistema de valores.
Eso nos lleva al trabajo de hoy. Lo que vamos a hacer es muy importante, de dimensiones cósmicas. Hoy voy a dar las gracias a mucha gente. No por lo extraordinario, no por los beneficios que resaltan, sino porque son personas que hacen lo correcto como personas.
Voy a mirar el mundo y la gente, no mis problemas y preocupaciones. Miro a una persona y digo “¡gracias!” de corazón y por un instante, eso es todo.
¡Es hacer nacer estrellas de Belén!
No había que ir a buscarlas…
¡Están aquí, ante mí, a mi alcance!

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Día 19: Siembro Sonrisas


Hoy nos proponemos vivir en el corazón una abundancia de alegría mediante la siembra de sonrisas. Vamos a trabajar la alegría cristiana porque es uno de los signos más claros de estar en los caminos del Señor: desde el saludo del Ángel a María hasta el encuentro de las santas mujeres y los discípulos con el resucitado, todo se llena de alegría (Lc 1,44; Mt 28,8).

Pensemos, en primer lugar, que la verdadera alegría viene de “estar en el Señor” (Fil 4,4ss). Es una alegría sencilla, duradera, interior, que me hace mejor y más comprometido. Es la alegría de ser lo que soy: hijo de Dios. Jesús recordaba a sus discípulos que debían alegrarse cuando siguen los caminos de Dios, incluso cuando llega la persecución (Mt 5, 11-12) porque sus nombres están escritos en el cielo (Lc 10,20-21). La alegría en el Señor viene de seguir y estar con Jesús Resucitado.

Pensemos en segundo lugar cómo esta alegría es un don, un regalo. La alegría espiritual no se acaba en sí misma, sino que se convierte en fuerza interior: “no estén tristes ni lloren, que la alegría en el Señor es nuestra fortaleza” (Nehemías 8,9). ¿Te has dado cuenta de que cuando uno está alegre no peca? Igual que con la lluvia, para pecar mi ánimo debe nublarse antes con la tristeza o la preocupación.

Pensemos en tercer lugar cómo esta alegría es un mensaje. Es la confirmación de que estamos en camino, de que vamos por el sendero correcto del seguimiento de Cristo resucitado.

Esto nos lleva a un sorprendente descubrimiento: buscar la verdadera alegría te hará descubrir a Jesús, por tanto… ¡La alegría es la estrella de Belén!
Por eso, pasando a la acción, hoy voy a sembrar alegrías simples y sencillas. Y las voy a sembrar en mí y en la gente que me encuentre de una manera simple y contagiosa.
¿Cómo?

Sonriendo.
Sonriendo a la vida y sonriendo a mi familia.
Sonriendo al vecino con el que me cruzo todos los días.
Sonriendo a la muchacha bonita que espera su transporte en la esquina,
Sonriendo al funcionario, al busetero, al vendedor, al compañero de trabajo que siempre me mira serio y no me cae muy bien.

¡Que esta siembra de sonrisas te llene de alegría!

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Día 18: Perdono

 

Al principio hablamos de pedir perdón como camino de renovación de las personas (día 8 del Caminito de Belén), ya que nos ayuda a estar en paz y armonía con los otros.  Hoy voy a mirar mi yo profundo  para activar la otra parte: perdonar y perdonarme.

Generalmente esperamos y ponemos como condición para perdonar que la otra persona nos pida perdón, que nos diga “Lo siento…”,  “Perdóname!”. Otras veces basta con la solicitud de perdón implícita, cuando el otro vuelve a acercarse, nos saluda como si no pasara nada, hace un gesto de cercanía, ofrece un favor,… y todos entendemos que la crisis ha pasado.

La acción de perdón más difícil, en la que debemos destacar los cristianos, es dar el perdón antes de que nos lo pidan. O incluso cuando la otra persona no ha cambiado ni muestra arrepentimiento. En esas ocasiones debemos recurrir a nuestro valor moral y a la fuerza del Evangelio para liberarnos de la ofensa, desligarnos del resentimiento y superar las heridas. Como dice alguien, “aunque la otra persona no se merezca que le perdones, tú sí te mereces perdonar“.

El color de la emoción, por Rajacenna

Aunque otra otra persona (o uno mismo) me hiciera algo muy grave, sin justificación, que me destrozó la vida… ¿De qué vale vivir con rencor? ¿Acaso pienso que la venganza puede curar la herida? ¡yo debo perdonar! Perdona con el poder de Dios, un perdón inmenso y sin medida:  “Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra” (Lc 6,27-29; Cf. Mt 5,38-48)). Perdonar como condición para ser perdonado:  “Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados” (Mt 6,14-15).

Y para perdonarme a mí mismo... la confesión, el reconocimiento de mis culpas ante los que me quieren, y sobre todo, la reconciliación conmigo mismo, aceptando mi historia y todo lo bueno que nace de ella.

Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar.

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Día 17: Voy a usar el corazón

En una bellisima canción de Mercedes Sosa afirma: “cuando todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Esta es la decisión del Caminito de hoy. Tras preguntarme qué cosas tocan mi corazón, hoy voy a construir una decisión sencilla y grande: vivir con corazón. Ponerle corazón a las cosas de cada día, a los momentos de trabajo y a los de descanso, a los encuentros casuales y a los que hago con los amigos más cercanos.

Este gran deseo, forjado a lo largo de Camino, se va a concretar hoy porque voy a seleccionar un área sencilla, pequeña, para comprometerme en el cambio, para que broten nuevas hojas de vida.
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  • Voy a ponerle corazón a la colaboración en casa que me pide mi madre.
  • Voy a ponerle corazón a la relación con mi hermano/a mayor.
  • Voy a ponerle corazón al reto laboral o deportivo en el que estoy metido sin avanzar del todo.
  • Voy a ponerle corazón al aprender cada día.
  • Voy a ponerle corazón a todas las promesas que hice de orar en serio, de estar con Dios…

Allí donde decida voy a poner en marcha el corazón. Sintiendo, valorando, actuando.

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