Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Día 23: Boto lo que no sirve para recibirle

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La entrada de este día reproduce la del Caminito del año pasado. Pasamos por el mismo punto en nuestro Camino a Belén, y nos sigue pareciendo una llamada importante: sacar, echar, botar,… deshacernos de lo viejo para dejar paso a lo nuevo.

Nosotros queremos preparare por dentro el corazón. Tenerlo bien pintado para cuando él llegue, limpio, fresco, habitable, con espacio suficiente… ¿espacio suficiente? ¡Nos hemos olvidado de botar todos esos chécheres! (tirar todos esos cacharros). Efectivamente, en la casa una de las cosas que más crecen, junto con la factura de la luz, es el montón de cosas inútiles que vamos guardando: recuerdos de cada viaje y de cada bautizo o comunión, muebles que quedaron medio inservibles, bicicletas viejas, herramientas rotas, juguetes de cuando éramos pequeños, ropas por si acaso,…

En lo espiritual, el acumularse de cosas inservibles es aún más grave. Tenemos el corazón lleno de viejas culpabilidades de cosas que fueron perdonadas, pero que, por alguna extraña razón, las dejamos ahí en el trastero. O acumulamos bellas experiencias de oración como si eso nos justificase ahora que no rezamos (Ez 18,24). O de recuerdos traumáticos que usamos como triste excusa para no comer esto, para rechazar aquello, para odiar a ese…

Más aún, mantenemos por todas partes viejos remordimientos de errores del pasado, que no queremos aceptar e integrar. Esos remordimientos nos hacen ser fuertes en los propósitos, pero débiles en la fe y la confianza en un Dios que ya olvidó hace muuuucho tiempo esos pecados.

Y también acumulamos sueños dispersos. Sueños que no se cumplieron ni de lejos – de hecho, solo fueron sueños, nunca luché por ellos – y que no dejan espacio a los nuevos sueños por los que sí debo luchar.

Eliminar los desechos que no sirven, seleccionar lo valioso…

Y mientras tanto, no queda espacio para Dios en el presente de mi corazón. En el aquí y ahora de mi salvación, en este kairós (tiempo favorable, 2 Cor 6,2), Dios quiere encontrarme. La salvación es hoy, nunca es en el pasado, no queda para un futuro desconectado (aunque siempre se da en nuestra historia de salvación que suelda pasado, presente y futuro esperanzado).

Por eso, la tarea de hoy es bien sencilla. Voy a botar (tirar, deshacerme, regalar) algunas cosas inservibles, cosas de mi casa o mi habitación, y cosas de mi conciencia. Alguna de cada campo.

Así mi habitación y mi corazón estarán más amplios y espaciosos para recibir al Señor que viene.

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Día 22: Buscar el sitio correcto

22Hay decisiones buenas y hay decisiones malas. Cuando nos jugamos poca cosa, podemos permitirnos estar tranquilos y no pensar mucho; pero cuando estamos tomando decisiones importantes, como por ejemplo el camino a tomar en medio de un bosque o la carrera que vamos a estudiar, entonces es importante cuidar mucho el proceso de decisión, porque un fracaso nos va a dejar muy lejos de nuestros sueños… o de la supervivencia.

Así pasa con la Navidad. La Navidad va a pasar, va a suceder, pero… ¿Nos acordamos de que Navidad es recibir a Dios en un niño recién nacido, es ir a verle y adorarle allí en un humilde establo, en el portal de Belén? Los reyes magos, por ejemplo, se fueron primero hacia Jerusalén, y sin más detalles de la estrella, se fueron a preguntar a un palacio, al palacio del Rey. Menos mal que los sabios de Israel los orientaron y les dijeron que allí perdían el tiempo. Tenían que buscar en el lugar que había elegido Dios, el lugar correcto.

¿Y cuál era el sitio elegido por Dios? ¿el sitio que hoy elige para esperarme, para encontrarme?

Buscamos a Dios arriba, y nos suele esperar abajo.
Creemos que el signo de Dios es el éxito final, y nos espera en el trabajo cotidiano.
Lo buscamos fuera, y está adentro.

¿Donde lo buscaré?

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Día 21: ¿Está la puerta de mi corazón abierta?

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Vivimos pendientes de lo exterior.
De qué sirve que vista bien, que dedique horas a estar delgado, a tener un bonito cabello o a lucir las pulseras lo relojes a la moda de ahora, su mi corazón está en tinieblas, retorcido sobre sí mismo en egoísmo y dolor.

Por eso hoy voy a dedicarme a pensar esta simple pregunta:

¿Está la puerta de mi corazón abierta para él?

¿Está la puerta abierta?

Como ya hemos aprendido, no se trata de dar una respuesta rápida, sobre todo si es un ingenuo “claro, todo para él, Jesús es mi todo, etc. etc etc.”. Hoy vamos a sentarnos, como decían los monjes del desierto, a la puerta del corazón para observar.
Observa, como canta la canción, quién llama: “¡Pom! ¡Pom! – ¿Quién es? …¡Abre la muralla!”. Y observa a qué pensamientos o mociones dejas pasar.
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Con el tiempo se reconocen las invitaciones de Dios, que llevan al bien, y las seducciones del enemigo, que nos tientan para el mal. Entonces es cuando se puede tomar partido para cultivar lo que los monjes del desierto llamaban “la guarda del corazón” (Tomas Ŝpidlick).
Y date cuenta de la realidad: ¿de qué manera, de qué forma, esta la puerta de mi corazón abierta a Jesús que quiere nacer de nuevo ahí?

 

NOTA: En caso de que descubras con sinceridad que está bastante cerrada, y el corazón ocupado por otros inquilinos, no te preocupes. Este camino te ayudará para hacer un allanamiento de morada y permitir que Dios okupe lo que es suyo.
(O en términos bíblicos: Jer 31,31ss; Ez 36,25ss; 2 Co 3,3ss)

 

 

 

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Día 17: La decisión de amar

“Voy a amar”. Esta afirmación parece una tontería cuando mantenemos ese viejo esquema romántico de que el amor “viene cuando quiere y se va cuando se pasa”.
¡Pero es cierto! El amor es don y tarea, llega siempre como un regalo, pero me queda a mí la tarea de ponerlo en marcha, de lanzarlo y afianzarlo con cuidado y trabajo.

Porque el amor, gran regalo de Dios, es mi gran aventura, mi gran empresa, que me juego en las grandes relaciones y en los pequeños encuentros que haré hoy.
Vivir hoy con amor, esa es mi decisión, y los pasos de los días siguientes me ayudarán a perfilar “el arte de amar

Esta es la decisión del Caminito de hoy. Voy a construir una decisión sencilla y grande: vivir con corazón allí donde otras veces pasaba sin darme cuenta, con normalidad o con frialdad. Poner amor, poner corazón a las palabras, miradas y gestos que cruzaré en los encuentros casuales y a los que hago con los amigos, lo que nos diremos hoy en familia.

Lo intentaré. Es posible. Amar a la persona que aparezca delante de mí. Sin más.

Nunca está de más fijar con el arte las decisiones del corazón:

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Día 16: ¿Qué cosas tocan mi corazón?


Hoy, al inicio de la la Novena de Navidad, es un día dedicado a preguntarme, a mirar y a pensar. Yo me pregunto una pregunta muy sencilla y radical:

¿Qué cosas tocan mi corazón?

La pregunta está formulada así para evitar los cortocircuitos romanticoides que nos montamos cuando nos preguntamos por el amor.

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Com mucha frecuencia, vivo sin dejar que las cosas que pasan me afecten. “Hay que hacerse el fuerte”, dicen. Lo que no puedas solucionar, es mejor que lo dejes pasar. Pero esta actitud, ¿me produce paz o me deja en la intranquilidad y en la soledad?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿Qué cosas me suelen mover en lo profundo? ¿Qué miradas, noticias, comentarios, gestos, han superado los filtros de la razón y la emoción?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿A quién he amado hoy? ¿Qué amores definen mi existencia en este momento?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Hoy dedicaremos el día a preguntarnos y a tomar nota de lo que descubrimos.Favourite

***

Del Caminito del Año pasado:

En realidad muchas cosas me tocan el corazón. El sufrimiento que veo en la gente, aunque no la conozca. Los problemas que sufren las personas que amo. Las injusticias enormes que vivimos. Las dificultades que tengo conmigo mismo…También lo tocan profundamente la armonía de la naturaleza en un amanecer o en un paisajer tranquilo; la belleza de la música y de las personas; los gestos de solidaridad y ayuda. Igualmente, me tocan profundamente el corazón las miradas sinceras y las palabras cariñosas, que me transmiten el amor de los que amo.

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Cuarta Etapa: Caridad perfecta

Seguimos buscando a Dios por el camino de los regalos que Dios nos va dejando en nuestras vidas. A estas alturas, estamos empezando a intuir la dinámica de la llamada de Dios: una llamada para la vida, a través de lo mejor de la vida misma… y desde la gratuidad del Amor de Dios.Amor_En_Dios

En esta cuarta etapa del caminito estoy invitado a buscar y asumir el gran regalo de Dios para mi corazón: la experiencia del amor.Tablero2012_c_1400px

Según la oración de San Francisco que nos sirve de guía, el don que sigue a la esperanza cierta es el de la caridad perfecta. Es el don que más le compete, pues según la Primera carta del Apóstol San Juan, “Dios es amor” (de caridad).

Para emprender esta nueva aventura, debemos tener muy claras dos cosas muy sencillas:

  • Primero, que según la experiencia de muchos, el amor no es un sentimiento (o “mucho más que un sentimiento” DCE 17). De hecho, se puede amar sin sentir nada, o con sentimientos bastante molestos y contrarios a la idea del amor.
  • Segundo, que lo que importa en el amor no son las vivencias sino la entrega: cómo doy de mi tiempo, e mis planes, de mí mismo… porque amar es dar, o mejor, es dar-se, dar la vida por el bienestar y la felicidad del otro.

Que disfrutes la búsqueda y que te prepare para que puedas recibir a Jesús en el Belén de tu corazón, un Belén de Amor.

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Día 23: Boto lo que no sirve

Nosotros queremos preparare por dentro el corazón. Tenerlo bien pintado para cuando él llegue, limpio, fresco, habitable, con espacio suficiente… ¿espacio suficiente? ¡Nos hemos olvidado de botar todos esos chécheres! (tirar todos esos cacharros). Efectivamente, en la casa una de las cosas que más crecen, junto con la factura de la luz, es el montón de cosas inútiles que vamos guardando: recuerdos de cada viaje y de cada bautizo o comunión, muebles que quedaron medio inservibles, bicicletas viejas, herramientas rotas, juguetes de cuando éramos pequeños, ropas por si acaso,…

En lo espiritual, el acumularse de cosas inservibles es aún más grave. Tenemos el corazón lleno de viejas culpabilidades de cosas que fueron perdonadas, pero que, por alguna extraña razón, las dejamos ahí en el trastero. O acumulamos bellas experiencias de oración como si eso nos justificase ahora que no rezamos (Ez 18,24). O de recuerdos traumáticos que usamos como triste excusa para no comer esto, para rechazar aquello, para odiar a ese…

Más aún, mantenemos por todas partes viejos remordimientos de errores del pasado, que no queremos aceptar e integrar. Esos remordimientos nos hacen ser fuertes en los propósitos, pero débiles en la fe y la confianza en un Dios que ya olvidó hace muuuucho tiempo esos pecados.

Y también acumulamos sueños dispersos. Sueños que no se cumplieron ni de lejos – de hecho, solo fueron sueños, nunca luché por ellos – y que no dejan espacio a los nuevos sueños por los que sí debo luchar.

Eliminar los desechos que no sirven, seleccionar lo valioso...

Y mientras tanto, no queda espacio para Dios en el presente de mi corazón. En el aquí y ahora de mi salvación, en este kairós (tiempo favorable, 2 Cor 6,2), Dios quiere encontrarme. La salvación es hoy, nunca es en el pasado, no queda para un futuro desconectado (aunque siempre se da en nuestra historia de salvación que suelda pasado, presente y futuro esperanzado).

Por eso, la tarea de hoy es bien sencilla. Voy a botar (tirar, deshacerme, regalar) algunas cosas inservibles, cosas de mi casa o mi habitación, y cosas de mi conciencia. Alguna de cada campo.

Así mi habitación y mi corazón estarán más amplios y espaciosos para recibir al Señor que viene.

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Día 22: Renuevo mi lenguaje

Dice un antiguo refrán castellano:

De la abundancia del corazón habla la boca

Si mi lenguaje está lleno de impurezas, de violencia verbal, de desprecio, ¿cómo puede estar mi corazón?
Si mi lenguaje no reconoce a los otros con sus nombres, y en su lugar uso apodos, giros de moda (“¡Eh, tú, pelao!”, “¿Qué pasa mar…?”). Si mi trato usa la distancia de las funciones: Licenciado, Profe, Doctor,… podré ser muy cortés o muy grosero en uno de los dos casos, pero… ¿mi corazón se abre limpiamente al otro en cada encuentro?

Hoy vamos a hacer una cura lingüística. Es una técnica experimental de cierto riesgo. Puedo cambiar solo por fuera y terminar con un síndrome agudo de hipocresía. Pero puede tener éxito, y que el cambio exterior del lenguaje suscite y desate un cambio interior del corazón.


 Voy a cuidar mi lenguaje. Voy a limpiarlo de violencia y de groserías.

Pero también lo voy a limpiar de términos distanciadores como los títulos y las funciones.
Y también voy a eliminar las palabras genéricas que usamos los jóvenes y sirven para todo, y al final nos dejan tan pobres para lo importante: ¡super! ¡chévere! ¡calidad! ¡de que te c…!.
Limpiaré mi lenguaje, con la esperanza de que se limpie así mi corazón.

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Día 21: ¿Está la puerta abierta?


Vivivmos pendientes de lo exterior.
De qué sirve que vista bien, que dedique horas a estar delgado, a tener un bonito cabello o a lucir las pulseras lo relojes a la moda de ahora, su mi corazón está en tinieblas, retorcido sobre sí mismo en egoísmo y dolor.

Por eso hoy voy a dedicarme a pensar esta simple pregunta:

¿Está la puerta de mi corazón abierta para él?

Como ya hemos aprendido, no se trata de dar una respuesta rápida, sobre todo si es un ingenuo “claro, todo para él, Jesús es mi todo, etc. etc etc.”. Hoy vamos a sentarnos, como decían los monjes del desierto, a la puerta del corazón para observar.
Observa, como canta la canción, quién llama: “¡Pom! ¡Pom! – ¿Quién es? …¡Abre la muralla!”. Y observa a qué penasamientos o mociones dejas pasar.

Con el tiempo se reconocen las invitaciones de Dios, que llevan al bien, y las seducciones del enemigo, que nos tientan para el mal. Entonces es cuando se puede tomar partido para cultivar lo que los monjes del desierto llamaban “la guarda del corazón” (Tomas Ŝpidlick).
Y date cuenta de la realidad: ¿de qué manera, de qué forma, esta la puerta de mi corazón abierta a Jesús que quiere nacer de nuevo ahí?

NOTA: En caso de que descubras con sinceridad que está bastante cerrada, y el corazón ocupado por otros inquilinos, no te preocupes. Este camino te ayudará para hacer un allanamiento de morada y permitir que Dios okupe lo que es suyo.
(O en términos bíblicos: Jer 31,31ss; Ez 36,25ss; 2 Co 3,3ss)

Y paras que preparar nuestra “puerta abierta” en el corazón, una estupenda canción de Facundo Cabrales, en interpretación de “Siempre Así”:

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Día 17: Voy a usar el corazón

En una bellisima canción de Mercedes Sosa afirma: “cuando todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Esta es la decisión del Caminito de hoy. Tras preguntarme qué cosas tocan mi corazón, hoy voy a construir una decisión sencilla y grande: vivir con corazón. Ponerle corazón a las cosas de cada día, a los momentos de trabajo y a los de descanso, a los encuentros casuales y a los que hago con los amigos más cercanos.

Este gran deseo, forjado a lo largo de Camino, se va a concretar hoy porque voy a seleccionar un área sencilla, pequeña, para comprometerme en el cambio, para que broten nuevas hojas de vida.
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  • Voy a ponerle corazón a la colaboración en casa que me pide mi madre.
  • Voy a ponerle corazón a la relación con mi hermano/a mayor.
  • Voy a ponerle corazón al reto laboral o deportivo en el que estoy metido sin avanzar del todo.
  • Voy a ponerle corazón al aprender cada día.
  • Voy a ponerle corazón a todas las promesas que hice de orar en serio, de estar con Dios…

Allí donde decida voy a poner en marcha el corazón. Sintiendo, valorando, actuando.

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