Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Día 18: Perdono para amar

18El tercer paso de cada etapa es decir NO, quitar y renunciar.. Parece difícil que se pueda construir el amor a base de negatividad, y sin embargo, es lo que nos falta muchas veces. La propuesta del Caminito de Belén hoy es simple y directa: decir NO al rencor. Hoy voy a decirle NO a tantos resentimientos, resabios, resquemores, rencores y re-que-se-yo que llevo por ahí dentro, resonando como piezas rotas de un motor viejo cada vez que piso el acelerador de la vida.

Amar exige libertad y ligereza de espíritu para asumir un camino espiritual de entrega. El problema no es tanto el odio o la indiferencia, que se curan por sí mismos, sino el óxido y la herrumbre que acumulo en mis relaciones y me condenan a llevar un peso muerto en cada paso de mi vida.
NOblue
¿A qué debo decir hoy NO?
Al rencor contra los que me hirieron en el pasado (rencor velado pero muchas veces latente ahí adentro).
Al rencor contra los que me despreciaron y no me valoraron.
Al rencor contra los que hoy en día me atacan o amenzan (incluso cuando no me han atacado todavía, ya me duelen y molestan).
Al rencor contra los cercanos a mí (familia) que no hacen las cosas bien
Al rencor contra los que yo pienso son responsables de las desgracias de mi país (rencor muy de moda y que sirve para hacerse popular y tener buenas conversaciones con los que piensan igual).
Al rencor contra los que hacen el mal y dañan a otros.

Pero sobre todo, ¿qué rencor es el que debo confrontar y frenar en mi corazón?
El rencor contra mí mismo cada vez que fallo en mis objetivos.
El rencor contra mí mismo cada vez que cedo en mis compromisos.
El rencor contra mí mismo por cada ocasión que no aproveché (y que recuerdo una y otra vez: “si hubiera…”)
El rencor contra mí mismo por cada pecado que cometí, más una ración extra por haber sido tan estúpido…

El color de la emoción, por Rajacenna

¿Qué hago entonces? La gran herramienta para oponerse al rencor es el perdón. Una herramienta versátil como navaja suiza de explorador, pero que debo usar con igual prudencia y sabiduría: perdonar suavemente, perdonarme pacíficamente, sin levantar heridas y reproches peores que los que voy a perdonar. Perdonar de corazón, disolviendo el conflicto en la paz del alma y la bondad de Dios.


Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar para decirle NO al rencor en mi corazón.

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Día 18: Perdono

 

Al principio hablamos de pedir perdón como camino de renovación de las personas (día 8 del Caminito de Belén), ya que nos ayuda a estar en paz y armonía con los otros.  Hoy voy a mirar mi yo profundo  para activar la otra parte: perdonar y perdonarme.

Generalmente esperamos y ponemos como condición para perdonar que la otra persona nos pida perdón, que nos diga “Lo siento…”,  “Perdóname!”. Otras veces basta con la solicitud de perdón implícita, cuando el otro vuelve a acercarse, nos saluda como si no pasara nada, hace un gesto de cercanía, ofrece un favor,… y todos entendemos que la crisis ha pasado.

La acción de perdón más difícil, en la que debemos destacar los cristianos, es dar el perdón antes de que nos lo pidan. O incluso cuando la otra persona no ha cambiado ni muestra arrepentimiento. En esas ocasiones debemos recurrir a nuestro valor moral y a la fuerza del Evangelio para liberarnos de la ofensa, desligarnos del resentimiento y superar las heridas. Como dice alguien, “aunque la otra persona no se merezca que le perdones, tú sí te mereces perdonar“.

El color de la emoción, por Rajacenna

Aunque otra otra persona (o uno mismo) me hiciera algo muy grave, sin justificación, que me destrozó la vida… ¿De qué vale vivir con rencor? ¿Acaso pienso que la venganza puede curar la herida? ¡yo debo perdonar! Perdona con el poder de Dios, un perdón inmenso y sin medida:  “Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los insultan. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra” (Lc 6,27-29; Cf. Mt 5,38-48)). Perdonar como condición para ser perdonado:  “Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes; pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados” (Mt 6,14-15).

Y para perdonarme a mí mismo... la confesión, el reconocimiento de mis culpas ante los que me quieren, y sobre todo, la reconciliación conmigo mismo, aceptando mi historia y todo lo bueno que nace de ella.

Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar.

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Día 8: Crear el perdón

El 13 de mayo de 1981, mientras daba la segunda vuelta a la plaza de San Pedro, se escucharon los disparos contra Juan Pablo II. Alí Mehmet Agca, un asesino profesional, disparó con una pistola, hiriendo al Santo Padre en el vientre, en el codo derecho y en el dedo índice.
Cuatro días después, en sus primeras declaraciones, el papa perdonaba de corazón al que casi lo asesina. Dos años más tarde lo visitó en la cárcel. Alí Agca no le pidió perdón, sólo le preguntó por el secreto de Fátima.
Uno dejó una estela de paz y se le recuerda por miles de hechos con los que cambió el mundo. El otro… estuvo siempre encadenado a sus crímenes (e intenta desde su liberación en 2010 conseguir diversas notoriedades).

La maravilla de pedir perdón. Es una de las cosas más difíciles que podemos hacer y, al mismo tiempo, tan sencilla. Basta con una palabra o un gesto de reconciliación, pero… ¡qué duro se hace a veces! Nos obliga a reconocer que hemos hecho daño a otro, y que no somos tan buenos como pensábamos. La humillación es dura, pero sólo los que han pasado por ella son capaces de crecer como seres humanos auténticos.

Sin embargo, muchos sabemos que más duro todavía es tener gente a la que todavía no perdono. Cuando vivo así las relaciones siguen ahí, pero muertas, pesando sobre mí. Me influye el rencor, el enfado o el dolor, independientemente de que la otra persona esté al lado o a mil kilómetros de mí. Vivo con ese peso, y esos sentimientos tóxicos van envenenando mi alma…

Perdonar significa reconciliarse, volver a estar conciliados, de acuerdo. Restaurar relaciones que estaban rotas o dañadas, bloqueadas. Pedir perdón cuando el otro se siente afectado es abrir caminos a la PAZ.

Me pregunto (y dialogo con los que estén cerca para ser más objetivo):
¿Tengo relaciones trancadas por algún problema?
¿Tengo cosas de mi pasado que no he perdonado todavía?
¿Qué supondría perdonar en esa situación?

Hoy, como paso en este caminito de Belén, voy a pedir perdón a alguien. Uno solo de los muchos que están pendientes de cobro.
Para llegar algún día a perdonar y ser libre del todo (¡!)

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