Caminito de Belén

Vamos a buscar dónde es que nace Jesús en esta Navidad

Día 22: Buscar el sitio correcto

22Hay decisiones buenas y hay decisiones malas. Cuando nos jugamos poca cosa, podemos permitirnos estar tranquilos y no pensar mucho; pero cuando estamos tomando decisiones importantes, como por ejemplo el camino a tomar en medio de un bosque o la carrera que vamos a estudiar, entonces es importante cuidar mucho el proceso de decisión, porque un fracaso nos va a dejar muy lejos de nuestros sueños… o de la supervivencia.

Así pasa con la Navidad. La Navidad va a pasar, va a suceder, pero… ¿Nos acordamos de que Navidad es recibir a Dios en un niño recién nacido, es ir a verle y adorarle allí en un humilde establo, en el portal de Belén? Los reyes magos, por ejemplo, se fueron primero hacia Jerusalén, y sin más detalles de la estrella, se fueron a preguntar a un palacio, al palacio del Rey. Menos mal que los sabios de Israel los orientaron y les dijeron que allí perdían el tiempo. Tenían que buscar en el lugar que había elegido Dios, el lugar correcto.

¿Y cuál era el sitio elegido por Dios? ¿el sitio que hoy elige para esperarme, para encontrarme?

Buscamos a Dios arriba, y nos suele esperar abajo.
Creemos que el signo de Dios es el éxito final, y nos espera en el trabajo cotidiano.
Lo buscamos fuera, y está adentro.

¿Donde lo buscaré?

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Día 21: ¿Está la puerta de mi corazón abierta?

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Vivimos pendientes de lo exterior.
De qué sirve que vista bien, que dedique horas a estar delgado, a tener un bonito cabello o a lucir las pulseras lo relojes a la moda de ahora, su mi corazón está en tinieblas, retorcido sobre sí mismo en egoísmo y dolor.

Por eso hoy voy a dedicarme a pensar esta simple pregunta:

¿Está la puerta de mi corazón abierta para él?

¿Está la puerta abierta?

Como ya hemos aprendido, no se trata de dar una respuesta rápida, sobre todo si es un ingenuo “claro, todo para él, Jesús es mi todo, etc. etc etc.”. Hoy vamos a sentarnos, como decían los monjes del desierto, a la puerta del corazón para observar.
Observa, como canta la canción, quién llama: “¡Pom! ¡Pom! – ¿Quién es? …¡Abre la muralla!”. Y observa a qué pensamientos o mociones dejas pasar.
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Con el tiempo se reconocen las invitaciones de Dios, que llevan al bien, y las seducciones del enemigo, que nos tientan para el mal. Entonces es cuando se puede tomar partido para cultivar lo que los monjes del desierto llamaban “la guarda del corazón” (Tomas Ŝpidlick).
Y date cuenta de la realidad: ¿de qué manera, de qué forma, esta la puerta de mi corazón abierta a Jesús que quiere nacer de nuevo ahí?

 

NOTA: En caso de que descubras con sinceridad que está bastante cerrada, y el corazón ocupado por otros inquilinos, no te preocupes. Este camino te ayudará para hacer un allanamiento de morada y permitir que Dios okupe lo que es suyo.
(O en términos bíblicos: Jer 31,31ss; Ez 36,25ss; 2 Co 3,3ss)

 

 

 

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Día 18: Perdono para amar

18El tercer paso de cada etapa es decir NO, quitar y renunciar.. Parece difícil que se pueda construir el amor a base de negatividad, y sin embargo, es lo que nos falta muchas veces. La propuesta del Caminito de Belén hoy es simple y directa: decir NO al rencor. Hoy voy a decirle NO a tantos resentimientos, resabios, resquemores, rencores y re-que-se-yo que llevo por ahí dentro, resonando como piezas rotas de un motor viejo cada vez que piso el acelerador de la vida.

Amar exige libertad y ligereza de espíritu para asumir un camino espiritual de entrega. El problema no es tanto el odio o la indiferencia, que se curan por sí mismos, sino el óxido y la herrumbre que acumulo en mis relaciones y me condenan a llevar un peso muerto en cada paso de mi vida.
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¿A qué debo decir hoy NO?
Al rencor contra los que me hirieron en el pasado (rencor velado pero muchas veces latente ahí adentro).
Al rencor contra los que me despreciaron y no me valoraron.
Al rencor contra los que hoy en día me atacan o amenzan (incluso cuando no me han atacado todavía, ya me duelen y molestan).
Al rencor contra los cercanos a mí (familia) que no hacen las cosas bien
Al rencor contra los que yo pienso son responsables de las desgracias de mi país (rencor muy de moda y que sirve para hacerse popular y tener buenas conversaciones con los que piensan igual).
Al rencor contra los que hacen el mal y dañan a otros.

Pero sobre todo, ¿qué rencor es el que debo confrontar y frenar en mi corazón?
El rencor contra mí mismo cada vez que fallo en mis objetivos.
El rencor contra mí mismo cada vez que cedo en mis compromisos.
El rencor contra mí mismo por cada ocasión que no aproveché (y que recuerdo una y otra vez: “si hubiera…”)
El rencor contra mí mismo por cada pecado que cometí, más una ración extra por haber sido tan estúpido…

El color de la emoción, por Rajacenna

¿Qué hago entonces? La gran herramienta para oponerse al rencor es el perdón. Una herramienta versátil como navaja suiza de explorador, pero que debo usar con igual prudencia y sabiduría: perdonar suavemente, perdonarme pacíficamente, sin levantar heridas y reproches peores que los que voy a perdonar. Perdonar de corazón, disolviendo el conflicto en la paz del alma y la bondad de Dios.


Hoy voy a dar uno de los mayores pasos de este camino para que sea Navidad en mi corazón: hoy voy a perdonar para decirle NO al rencor en mi corazón.

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Día 17: La decisión de amar

“Voy a amar”. Esta afirmación parece una tontería cuando mantenemos ese viejo esquema romántico de que el amor “viene cuando quiere y se va cuando se pasa”.
¡Pero es cierto! El amor es don y tarea, llega siempre como un regalo, pero me queda a mí la tarea de ponerlo en marcha, de lanzarlo y afianzarlo con cuidado y trabajo.

Porque el amor, gran regalo de Dios, es mi gran aventura, mi gran empresa, que me juego en las grandes relaciones y en los pequeños encuentros que haré hoy.
Vivir hoy con amor, esa es mi decisión, y los pasos de los días siguientes me ayudarán a perfilar “el arte de amar

Esta es la decisión del Caminito de hoy. Voy a construir una decisión sencilla y grande: vivir con corazón allí donde otras veces pasaba sin darme cuenta, con normalidad o con frialdad. Poner amor, poner corazón a las palabras, miradas y gestos que cruzaré en los encuentros casuales y a los que hago con los amigos, lo que nos diremos hoy en familia.

Lo intentaré. Es posible. Amar a la persona que aparezca delante de mí. Sin más.

Nunca está de más fijar con el arte las decisiones del corazón:

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Día 16: ¿Qué cosas tocan mi corazón?


Hoy, al inicio de la la Novena de Navidad, es un día dedicado a preguntarme, a mirar y a pensar. Yo me pregunto una pregunta muy sencilla y radical:

¿Qué cosas tocan mi corazón?

La pregunta está formulada así para evitar los cortocircuitos romanticoides que nos montamos cuando nos preguntamos por el amor.

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Com mucha frecuencia, vivo sin dejar que las cosas que pasan me afecten. “Hay que hacerse el fuerte”, dicen. Lo que no puedas solucionar, es mejor que lo dejes pasar. Pero esta actitud, ¿me produce paz o me deja en la intranquilidad y en la soledad?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿Qué cosas me suelen mover en lo profundo? ¿Qué miradas, noticias, comentarios, gestos, han superado los filtros de la razón y la emoción?

¿Qué cosas tocan mi corazón?
¿A quién he amado hoy? ¿Qué amores definen mi existencia en este momento?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

¿Qué cosas tocan mi corazón?

Hoy dedicaremos el día a preguntarnos y a tomar nota de lo que descubrimos.Favourite

***

Del Caminito del Año pasado:

En realidad muchas cosas me tocan el corazón. El sufrimiento que veo en la gente, aunque no la conozca. Los problemas que sufren las personas que amo. Las injusticias enormes que vivimos. Las dificultades que tengo conmigo mismo…También lo tocan profundamente la armonía de la naturaleza en un amanecer o en un paisajer tranquilo; la belleza de la música y de las personas; los gestos de solidaridad y ayuda. Igualmente, me tocan profundamente el corazón las miradas sinceras y las palabras cariñosas, que me transmiten el amor de los que amo.

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Día 12: ¡Vencerá el bien!

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Imagínate que, en medio de una travesía por el mar, tu barco se hunde y te quedas sólo en una balsa en mitad del océano. Al amanecer sólo contemplas un inmenso horizonte de olas y viento, y tu cabeza te dice que estas a miles de kilómetros de la costa, apenas tienes provisiones y el agua potable te bastará para muy pocos días.

Esas fueron las condiciones en las que se encontraron personas como Steven Callahan o  Poon Lim. El primero consiguió sobrevivir 76 días en un bote hinchable. Poon Lim, marinero durante la Segunda Guerra Mundial, consiguió sobrevivir en una miserable balsa durante ¡133 días!

Sus relatos cuentan cómo la superviviencia depende tanto del ingenio para conseguir pescar y recoger agua de lluvia, como de la fuerza de la esperanza de ser rescatado algún día. Esta esperanza es puesta a prueba duramente con cada tormenta y herida y, sobre todo, cuando pasan cerca barcos que no llegan a verlos y recogerlos. Sólo la férrea disciplina de mantenerse luchando y esperando puede mantenernos vivos y a flote.G12_RPG

La esperanza nos ancla firmemente a aquello que esperamos. Pero a diferencia de un sueño o un deseo sencillo, la esperanza contiene convicciones y fuerzas de transformación, que se convierten en escudo y espada para mantenerme en el combate de la vida.

Hoy, tras pasar el primer día de la esperanza preguntándome qué le pasa al mundo y dónde están los signos de la victoria de Dios,  voy a dedicar mi tiempo del caminito a un ejercicio aparentemente banal, pero de una extraordinaria importancia: desempolvar, renovar y afilar mi convicción de que al final triunfará el bien.

Si me fijo bien, todos tenemos esa idea un poco ingenua y optimista en la cabeza, pero como ya dijimos, eso no basta para la esperanza. Hay que cuidar y alimentar esta esperanza con los signos de los tiempos, y afilarla con el roce con las dificultades y los obstáculos para el bien, que irán dando forma y filo a mi convicción hasta hacerla verdadera esperanza vital.

Hoy miro el mundo, repaso mis proyectos y ante las dificultades de cualquier tipo saco a relucir mi tarea de hoy: ¡Vencerá el bien!Finder

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Día 8: Soledad, ¡Nunca más!

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Hoy voy a recibir el regalo de la fe con un NO.

Voy a renovar mi experiencia de decir SÍ a Dios mediante un rotundo NO que me ocupará todo este día,

Voy a decir NO a uno de los grandes lastres del corazón humano: la soledad.

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La Soledad es la experiencia de descubrirse sin nadie con quien compartir la vida. No es cuestión de tener o no tener gente alrededor, pues podemos sentirnos solos en medio de una multitud, o no sentirse solo para nada en lo alto de una montaña. Una cosa es la tranquilidad y la paz de estar en contacto con uno mismo (vivencias que suelen requerir retiro, estar con poca gente), y otra es necesitar a alguien y no tenerlo.

La soledad nos revela la importancia de las personas en nuestra vida. No es la importancia del grupo, de la gente que me rodea, sino de alguien a quien yo le interese, a quien yo le importe. Sin un amigo o un compañero, la vida se vuelve insípida y las mejores experiencias son ocasión de frustración y pesimismo. Sin nadie a quien contar, con quien asombrarse o emocionarse, ¡de qué me vale todo lo demás!

La soledad, además, tiene rostros. La soledad es ausencia de ti, mi amigo que estás lejos, de ti, querida Mamá que ya saliste de este mundo hacia Dios, de ti, compañero de quien me distancié por tonterías,… Me duele la presencia que ya no tengo. Me duele el vacío que dejaste…

…¡Hasta que descubro que nunca estoy solo! La fe me hace experimentar una Presencia más íntima a mí que yo mismo. Una presencia permanente, inquebrantable, cálida, que no me juzga ni me que no se deja manejar y no es concreta, pero que tiene lo esencial; cercanía e interés por mí.Favourite

Por eso el que acepta el regalo de la fe asume también el secreto de Dios: en mi corazón, tú-estás-cerca.

Hoy decimos durante todo el día: “Nunca más sólo” “por eso y muchas cosas más,¡Ven a mi casas esta Navidad!”

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Día 7: Voy a ser un regalo

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El segundo paso de cada etapa es decidir y decir, crear planes y caminos para mi vida. Eso significa ser capaz de visualizar una nueva realidad que todavía no está ahí, e inventar caminos para trabajar hasta hacerla real.

Mi pequeño paso de hoy hacia el encuentro con Jesús es muy sencillo: renovar mi entrega de fe. Decírselo a él, una vez, muchas veces: creo en ti, Señor, creo en ti, Señor. Creo en ti.

San Ignacio de Loyola preparó una oración para entregarse profundamente a Dios. Él la ponía en un contexto muy solemne, ante la corte celestial, y como una respuesta a la invitación de Jesús de acompañarle en la gran aventura de conquistar el mundo para Dios. Entonces se respondía:

“Tomad Señor y recibid
todo mi amor y mi libertad,
mi inteligencia y mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer.
De Vos Señor lo obtuve,
a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro.
Disponed de ello a vuestra entera voluntad.
Dadme vuestro amor y gracia,
que eso sólo me basta”

Díselo hoy al Señor. Haz de este día de decisión un acto de fe: una entrega total a Dios, entrega de la voluntad y  el afecto, entrega de lo que soy y lo que tengo. Es la decisión que cambia la vida, la decisión que abre caminos para los largos viajes que me esperan.G12_Flowerpot_Plant

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Día 6: ¿Qué es tener fe?

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Hoy toca preguntarse, pensar y mirar. Abrir caminos. Siempre parece poco porque nuestra mente occidental y consumista quiere ver resultados, adquirir cosas sólidas. Pero lo primero es salir de las ideas preconcebidas, ver y descubrir la compleja realidad que nos rodea y que nosotros simplificamos enormemente.

Al preguntarme hago resonar la campana del pensamiento. La pregunta me sacude en mis convicciones y me lanza hacia lo que desconozco.

Al preguntarme voy más allá de recolectar respuestas: adopto una nueva actitud, lo que los filósofos llaman indagación, los artistas asombro y los exploradores afán de saber.

El mantener las preguntas en activo se convierte enseguida en una actitud vital que remueve seguridades y descubre posibilidades. Mantener las preguntas apropiadas me convierte en un buscador de la sabiduria.

Pregunta

Como primer paso de esta segunda etapa me preguntaré durante todo el día  ¿Qué es tener fe?

¿Qué es tener fe? Ante todo, si miro la vida humana, tener fe es confiar en una persona y sus habilidades, como la fe en el piloto del avión o en el médico que me recompone una herida. Sin fe no me dejaría curar ni me montaría en ese aparato. Sólo es apropiado tener fe en las personas, que nunca podré conocer por la ciencia o por una acumulación de conocimientos prácticos.

¿Qué es tener fe? También desde el punto de vista humano, tener fe es una forma de conocer que llamamos creer: Papá me ha dicho que estos frutos no se comen, son venenosos; mi experiencia me dice que cuando se nubla muy oscuro por el norte, va a venir una tormenta bastante grande. Pero creer no es pescar conocimientos dudosos por intuición, sino saber algo por la confianza que tengo en la fuente del conocimiento, y por eso, al contrario de la creencia o la opinión, da una fuerte seguridad.

¿Qué es tener fe? Tener fe en Dios tiene que ver con reconocerlo como persona, que sabe de mi vida y lo que me rodea, pero que está totalmente más allá de mí. La fe religiosa es entonces entrega generosa a Dios que se acerca y se revela: “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” (Hb 11,1).

Naturalmente, al preguntarme así me estoy preguntando a mí mismo, en cada paso: ¿Tengo fe? ¿tengo verdadera y auténtica fe?

Dios mío, ¿cómo puedo vivir de verdad mi fe?

La labor mercedaria

La labor mercedaria

Creo… ¡pero aumenta mi fe!

Para indagar puedo usar el Catecismo de la Iglesia Católica, o buscar en la Palabra de Dios cuando ensalza la entrega de la fe (Hb 11) o su relación con la salvación (“el justo vivirá por la fe”, Rm 1).

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Segunda etapa: Fe recta

Iniciamos la segunda etapa en el Camino de Belén. Un nuevo aprendizaje para recoger y revalorizar un regalo que Dios nos da para buscarlo y encontrarlo.G12_Flowerpot_Plant

Hay una escena muy significativa en los Evangelios de la Infancia, Es la que  cuenta la primera aparición pública de Jesús: cuando sus padres lo fueron al templo, aprovechando que Belén está a sólo 8 km de Jerusalén, para presentarlo al Señor con su humilde ofrenda, sólo Simeón, que aguardaba la llegada del Mesías, y Ana, la anciana profetisa, reconocieron en aquel niño al salvador. Los otros cientos de peregrinos pasaron al lado de la joven pareja y continuaron con sus vidas  sin percatarse de que María y José llevaban en brazos la presencia salvadora del Hijo de Dios. Es lo que pasó en toda la vida de Jesús: lo vieron, pero no lo reconocieron; lo oyeron predicar, pero no lo escucharon; se cruzaron con él en las calles, pero no se encontraron con él.

Encontrar a Jesús, encontrar a Dios, requiere fe. Y la Iglesia ha sostenido siempre que la fe es un don de Dios, uno de los grandes dones de Dios. Junto con la esperanza y la caridad reciben el nombre de virtudes teologales, es decir, las fuerzas vitales que nos ponen en relación con Dios.

Vamos a buscar el gran regalo de Dios: la fe, esa fuerza interior que nos pone en comunión con Él y abre la puerta a la justificación, a la vida teologal y a todos los dones de Dios.

Por eso, si nos hemos decidido a seguir el caminito de los regalos de Dios, la fe ocupa el primer y destacado lugar,

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